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Existen voces que nos despiertan al hecho irreductible de que somos más que receptores de vida: somos también arquitectos. Marian Rojas Estapé es una de esas voces. Desde la psiquiatría, la investigación y la experiencia humana, ella ha venido a recordarnos que en cada latido, en cada pensamiento y en cada respiración se alberga un germen de creación.
En su libro Cómo hacer que te pasen cosas buenas, la autora plantea algo que suena simple y, sin embargo, profundo: nuestras emociones, pensamientos y creencias no son espectadoras, pasivas del devenir, son parte activa de su tejido. “La felicidad no es lo que nos pasa, sino cómo interpretamos lo que nos pasa”, afirma.
Ese matiz —que en lo cotidiano habita la opción de elegir— abre el umbral al poder creador. Porque si interpretamos, podemos transformar; si interpretamos, podemos elegir.
En Encuentra tu persona vitamina, vuelve la mirada hacia otro eje esencial: las relaciones humanas como vía de fortaleza, de nutrición emocional. Allí explica que la oxitocina —la hormona del vínculo, de la calma, de la empatía— puede contrarrestar la epidemia silenciosa de cortisol —la hormona del estrés— que nos atenaza en estos tiempos de velocidad, pantallas y estímulos constantes.
Nos recuerda que no estamos diseñados para una vida de aislamientos digitales, sino para encuentros que generen presencia y resonancia. Y en ese campo, nuestro poder creador se activa: al elegir las relaciones que edifican en vez de drenar, al convertir nuestra biología en aliada y no en víctima.
Marian también ha puesto el foco en la atención —esa habilidad hoy en peligro—: “Una mente que no sabe reposar pierde rápido el control de las emociones”, escribe.
Vivimos en la era de la gratificación inmediata, de la inmediatez, y en esa lógica perdemos la profundidad. Pero el acto de parar, de aburrirse, de observar el flujo de la mente, es en sí un acto creador: al abrir un espacio interior, dejamos que emerja lo nuevo. Nos permitimos que el reclamo del “ya mismo” ceda ante la potencia del “ahora consciente”. Y allí, en esa pausa, germina lo nuevo.
Asimismo, su reflexión sobre la dopamina, la tecnología y el exceso de pantallas no es solo un diagnóstico: es una invitación. Nos dice que cuando el organismo está preso de recompensa fácil, cuando el cerebro busca estímulos rápidos, el poder creador se adormece.
Pero al liberar a la mente de esa adicción al instante, al recuperar la capacidad de elegir, de enfocar, de resistir —voluntad frente a impulso— estamos regresando al campo donde todo puede emerger.
Porque al fin y al cabo, la obra de Marian Rojas Estapé no nos habla únicamente de sanar o resistir. Nos habla de crear. Nos habla de gobernar nuestra biología con conciencia, de decidir nuestras interpretaciones, de cuidar nuestras relaciones como lechos fértiles de bienestar. Nos habla de detenernos, observar, elegir y dar forma. Y en ese gesto, encendemos el poder creador que siempre estuvo allí.
Así como el jardín florece cuando encuentra luz, agua y cuidado, el ser humano comienza a edificar cuando dirige su atención, moldea sus pensamientos y sana sus vínculos. En ese universo íntimo, el poder creador deja de ser una promesa y se convierte en una práctica diaria. Y en ese camino, cada decisión cuenta. Cada palabra dentro resuena. Cada vínculo refleja un mundo en construcción.
Abuso sexual
Contra niños, niñas y adolescentes

Una guía para tomar acciones y proteger sus derechos
El abuso sexual en muchos casos es producido por un familiar o persona de confianza del niño o niña.
La dimensión y la gravedad de esta forma de violencia ejercida contra la infancia vuelven sumamente relevante el diseño de políticas públicas que promuevan la prevención, la recolección de datos y la identificación de las víctimas de abuso sexual. Asimismo, son necesarias campañas de sensibilización dirigidas tanto a los NNyA como a los adultos que se desempeñan en los sistemas de protección de derechos, salud, educación, policía, justicia y a la sociedad en general. Sin detección no es posible implementar medidas de protección, ni brindar tratamiento para las víctimas y sus familias. Al mismo tiempo, debemos considerar que el agresor sexual, que no reconoce su crimen, que no busca tratamiento, que no es identificado ni recibe sanción alguna, representa un riesgo para los niños y para toda la sociedad.
¿Qué es el abuso sexual contra un niño, niña o adolescente?
El abuso sexual ocurre cuando un niño es utilizado para la estimulación sexual de su agresor (un adulto conocido o desconocido, un pariente u otro NNyA) o la gratificación de un observador. Implica toda interacción sexual en la que el consentimiento no existe o no puede ser dado, independientemente de si el niño entiende la naturaleza sexual de la actividad e incluso cuando no muestre signos de rechazo.
El contacto sexual entre un adolescente y un niño o una niña más pequeños también puede ser abusivo si hay una significativa disparidad en la edad, el desarrollo, el tamaño o si existe un aprovechamiento intencionado de esas diferencias. La interacción abusiva, que puede ocurrir con o sin contacto sexual, incluye:
¿Quiénes pueden ser víctimas de abuso sexual?
Cualquier NNyA puede ser víctima de abuso sexual, independientemente de su edad, género, etnia y nivel sociocultural. A diferencia del maltrato físico y la negligencia, en los que el agresor es típicamente una figura parental, el agresor de un abuso sexual contra los NNyA puede ser cualquier persona.
Desde un punto de vista estadístico, una parte importante de los abusos es de tipo incestuosa, ejercida por familiares y conocidos del NNyA y favorecida por la convivencia o cercanía. Los NNyA siempre son vulnerables frente a los adultos porque están en desarrollo, son dependientes y establecen vínculos signados por la asimetría mental y física. Los niños y las niñas carecen de recursos suficientes
para autoprotegerse frente al agresor, y en la adolescencia la inexperiencia e inmadurez son factores decisivos.
Es central tener presente que los NNyA siempre son víctimas frente al agresor. Muchas veces ocurre que son sorprendidos, confundidos y engañados, ya que los abusos sexuales se dan en forma progresiva en el contexto de una relación de afecto cimentada previamente. El agresor sexual suele emplear atenciones especiales, demostraciones de afecto, juegos y regalos para lograr la confianza de los NNyA.
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